Vicente Valero Rodríguez

Cuando se es joven se tiende a pensar que todo, incluso uno mismo, es inmortal. Esto es un hecho y elemento natural, ya que es en la juventud cuando se tiene todo el dinamismo, la fuerza y la capacidad para emprender cualquier reto, por muy difícil o complejo que sea. Por más alta que sea la tapia, siempre nos sentimos capaces de saltarla. Porque ya lo dijo el gran político británico del siglo XIX, Benjamin Disraeli: “las torpezas de la juventud son preferibles a los aciertos de la vejez”.

No hay sobre la tierra nada que valore más que las personas. Es el gran lujo de la naturaleza, de la tierra y esa es la fortuna y el privilegio que yo tengo de compartir con vosotros, de aportaros y de que me aportéis cosas. De vivir.

Creo que las personas estamos marcadas por determinados acontecimientos de la vida, aunque también lo cotidiano y ordinario del día a día es lo que sedimenta nuestro carácter. Pero todo ello parte y nace de momentos y circunstancias especiales y extraordinarias, que no son más que formas de complementar ese gran universo que es tu propio yo. Entre lo extraordinario y lo cotidiano construimos nuestro universo y, de nuevo, las estrellas de tu universo, son las personas que han estado contigo acompañándote en tus circunstancias.

Son varias las circunstancias que han formado mi ser. La principal es la maravillosa familia en la que nací. Mi padre, mi madre y mis hermanos. Unos hermanos que han dado cobertura a mi parte emotiva y afectiva y que siempre han logrado que me sienta acompañado en la vida. Guardo un magnifico recuerdo de todos ellos desde que era niño y lo tengo muy presente, tanto que me cuesta vivir sin ellos.

Mi madre fue el molde que constituyó mi soma y mi núcleo central. Ese carácter generoso y optimista. Fue una gran madre y mujer, inteligente, vitalista, que aportaba felicidad a quienes la rodeaban. Mi padre, fue un hombre extremado en sus ideas preconcebidas del trabajo, el esfuerzo y la austeridad. Estaba cargado de cierto componente de negatividad, lo que nos llevaba a discrepar, pero al mismo tiempo, a mí me impulsaba a un proceso de retroalimentación positiva. Él cada vez era más negativo y yo cada vez más positivo.

Otro gran acontecimiento que marca a las personas, y el que yo creo más importante en la vida de un ser humano (hombre o mujer), es la creación de un proyecto familiar, punto en el que se fragua el éxito o fracaso del individuo. ¿De qué vale tener cultura, bienes, capacidades o riqueza si tu proyecto fracasa?

La otra gran circunstancia que tiene gran influencia en mi espíritu y carácter es haber tenido la suerte y el privilegio de padecer la polio, porque creo que eso que parece sufrimiento y daño al final es positivo.

“Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida”, Lucio Anneo Séneca.

Mi infancia estuvo muy marcada por la dificultad. Recuerdo que en el colegio, que los niños son perversos y malvados, ya se mofaban de mi cojera, aunque eso para mí era como una catapulta. Cuánto más se mofaban, más ganas de superación y de extraer lo mejor de mí. Aunque tenía que aceptar que para jugar al fútbol, lógicamente, no me llamaran a mí.

Es un conflicto real de uno mismo la dificultad existente para poderse integrar en un sistema ya preconcebido al que sólo el perfecto tiene acceso. Pero lejos de encerrarme en mí mismo y refugiarme en la desgracia y al abrigo de los que seguro me iban a socorrer, lejos de ello, provocó en mí el efecto contrario y quise afrontar con mayor rigor y arrojo la complejidad de esa difícil etapa que es la adolescencia.

Ahí, de nuevo, mis amigos me abandonaron y me cambiaron porque la testosterona les impulsaba a ir detrás de las chicas y no de mí. Ni Conmigo. ¡Qué conflicto el mío! ¿Cómo iba a ligar con este cuerpo? Pues entonces me propuse conocer a las mejores mujeres del mundo y a la mejor, sin ninguna duda, la hice mía. Este fue el tercer acontecimiento que ha marcado mi vida.

Y ya a partir de ahí, cuando ya todo fue tornándose más fácil porque Juani estaba a mi lado, comenzaron a sucederse el resto de las circunstancias de mi vida. Mi carrera, mis ganas de superación en lo profesional y el inicio en la política. Estudiar Medicina no marca mi vida, sino que en función de cómo he sido yo, decido por varios motivos, en contra de los deseos de mi madre que quería que fuese maestro ser médico.

Desde niño siempre quise serlo para saber, entre otras cosas, porqué no me pude curar yo y porque es una profesión que te brinda la posibilidad de algo que siempre me ha llamado: servir a los demás. En esa actitud de contrapeso de quien se suponía que siempre iba a necesitar de los demás para todo, me dedico a servir a los demás de la manera más noble y bonita: curándoles.

Fue muy duro, la carrera es muy muy dura, pero comencé con tal ilusión que estando en Bachillerato ya me iba a las clases de Medicina para empezar a respirar el clima de un gran reto. Lo cogí con muchas fuerzas y nada más comenzar me hice Monitor de Anatomía.

Volvería a estudiar Medicina, pese a no ejercerla en la actualidad, porque además me enseñó a conocer la fisiología y comportamiento humano, que de alguna manera te da ventaja para relacionarte. Soy un estudioso de la persona humana y cada vez me apasiona más. Es lo que hace que me llene cada día de ganas de trabajar. Y es también lo que hizo que un grupo de amigos me empujaran un poquito y yo ya continuara con gran impulso hacia el difícil y selvático mundo de la política. Podría hablar muchísimo de este tema pero sólo deciros que me ha llenado de conocimiento, que he visto mucho malo y mucho muy bueno.